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Día de la Madre Tierra: por su liberación

Por Equipo de Redacción El Colectivo.- El 16 de diciembre de 1991 fueron masacrados 21 indígenas de la etnia Nasa, en el municipio de Caloto, Cauca. Dicho acontecimiento fue perpetrado por la Policía Nacional de Colombia. Solo hasta 1995, y luego de varias demandas incluso en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Estado admitió su culpa y firmó un acuerdo con los indígenas del Cauca en el que se comprometía a entregarles más de 14 mil hectáreas de tierra. Hasta ahora les han entregado algunas (según el Diario El Espectador del 15 de diciembre de 2001 faltaban 1.760). El problema es que las tierras entregadas, en su mayoría, no son, según los indígenas, aptas para la agricultura. Según la cartilla de la ACIN, titulada “Seguimos en minga por la liberación de la Madre Tierra”, de las 193.370 hectáreas que habitan las comunidades indígenas Nasa en el Norte del Cauca, solo un 12% son aptas para la producción pecuaria y de alimentos, el resto son de vocación forestal (la mayoría) o constituyen zonas de páramo. Además, no hay forma de ampliar la frontera agrícola debido a que son zonas de conservación para la producción de agua. En septiembre de 2005, los indígenas entraron a la Hacienda La Emperatriz con el fin de recuperarla, es decir, liberarla. El argumento esgrimido entonces era y sigue siendo el siguiente: “Para nosotros la tierra es la madre y contra ella se comete un crimen del que vienen todos los males y miserias".

"Nuestra madre, la de todos los seres vivos, está sometida; según la ley que se impone, tiene dueños, es propiedad privada. Al someterla como propiedad para explotarla, le quitaron la libertad de engendrar vida y proteger y enseñar el lugar, las relaciones y el tiempo de todo lo que vive. Le impiden producir alimentos, riqueza y bienestar para todos los seres vivos. Los que se apropian de ella causan hambre, miseria y muerte que no deben ser. Le roban la sangre, la carne, los brazos, los hijos y la leche para establecer el poder de unos sobre la miseria de otros”.

Luego de mucha sangre y represión, el gobierno, en cabeza de Álvaro Uribe, firmó un acuerdo de 20 mil millones de pesos en favor de la comunidad indígena para la compra de tierras. Este acuerdo tampoco se ha cumplido. Luego de estas lecciones, enseñadas a punta de represión y promesas incumplidas, los indígenas Nasa volvieron a intentar la liberación de la Madre Tierra. En diciembre de 2014 entraron a cuatro haciendas del Norte del Cauca (Corinto, Albania, Emperatriz y Quita Pereza) para quedarse allí hasta que esas tierras, que además históricamente han pertenecido a los indígenas, incluso antes de la colonización, les sean devueltas y la Madre Tierra (Uma Kiwe) deje de ser esclavizada.

El presente

Entraron en 2014 para quedarse, y allí están. Alex Libardo Secue, del Resguardo de Jambaló, cuenta que “la gente dijo que iba a entrar para quedarse, no porque querían molestar al gobierno o al empresario, sino porque son tierras ancestrales. ¿Por qué tienen que estar en manos del gran poder? La gente cuando bajó de la parte alta de Corinto, lo hizo prácticamente con todo y fueron armando sus cambuches en las fincas. En todas las fincas ha pasado lo mismo, la gente ya está asentada ahí, ya está cultivando”.

Hasta ahora han tumbado algunas hectáreas de caña para convertirlas en producción de alimentos como maíz, fríjol o yuca. El problema es que viven con la amenaza de que en cualquier momento aparezca el Escuadrón Móvil Antidisturbios-ESMAD. “En la actualidad hay 40 hectáreas de maíz sembrado, corriendo mucho riesgo, porque apenas crezca tantito más va a ser dañado por el ESMAD que entra con los tractores”, cuenta Alex.

Para su organización, el tema de la liberación de la Madre Tierra es incluso un mandato. El punto dos de la plataforma de lucha del Consejo Regional Indígena del Cauca-CRIC, plantea que se debe seguir recuperando las tierras y hacer ampliación de los resguardos.

Otro de los problemas que se vive con el proceso de liberación es que cada vez que salen a protestar o a resistir, el gobierno llama a los líderes e intenta cooptarlos y comprarlos, ofreciéndoles prebendas o dinero para algunas cosas de la comunidad. Sin embargo, esta vez la comunidad parece estar clara y firme en que el objetivo real es la tierra. “Esta vez el tema de liberación no fue convocado por un Cabildo o por un consejero de la ACIN o la ONIC, no. Gente que sufre las necesidades es la que dijo: vamos allá. Es la misma gente la que se metió allí”.

También son víctimas de la mala información o desinformación por parte de los medios masivos de comunicación o de campañas de deslegitimación por parte del Ejército: “En Corinto, el Ejército ha tenido el descaro de pararse arriba en un alto y los otros acá abajo; como la gente está acampando abajo, lo que hacen es confrontar entre ellos para decir que la guerrilla está arriba. Para tirarles bala donde están ellos y decir que fue en un enfrentamiento con la guerrilla”. Alex cuenta que algo así sucedió a mediados de mayo cuando murió un soldado por esta situación y los medios de comunicación masivos afirmaron que los asesinos habían sido los indígenas, que están liberando la Madre Tierra.

En las haciendas en las que están resistiendo, además de cultivos ya hay espacios en los que se educan los niños y hay promotores de salud que trabajan el tema de salud propia.

Para Bernardo Chate, integrante de la guardia indígena y coordinador de la liberación en la hacienda La Emperatriz, “liberar la Madre Tierra es liberarla de todo lo malo que le hace la humanidad, que ella esté libre de todos los agroquímicos, tantas cosas que nosotros los seres humanos hacemos para destruirla. Decimos que la Madre Tierra está cansada, maltratada, por todo lo que hacemos nosotros”. Ellos insisten en que llegaron para quedarse y van a resistir hasta que Uma Kiwe sea realmente libre.

Publicado en El Colectivo Comunicación Popular, el 16 de mayo de 2016